Samalayuca y Barrancas del Cobre   
¬°Ah, Chihuahua!
Paisajes que regalan fotografías como de otro planeta y la majestuosidad de la naturaleza en constante convivencia con los seres humanos.
Por Elizabeth Dur√°n Fotos: Sergio Luna

En pocas horas es posible divertirse en exceso -nos consta-, basta estar en el lugar apropiado. Por ejemplo, al llegar a Chihuahua no importa hacia qu√© punto cardinal se dirija un viajero; dondequiera que vaya encontrar√° un sitio sorprendente en el que, adem√°s, se pueden realizar atractivas actividades deportivas o de esparcimiento. A 310 kil√≥metros hacia el norte de la capital del estado se localizan las Dunas de Samalayuca, territorio Jeep, pues √ļnicamente veh√≠culos con cualidades todo terreno sobreviven en ambientes agrestes. Aqu√≠ la gente, principalmente de Ciudad Ju√°rez, viene a exigir sus 4x4 para liberar un poco de adrenalina; no obstante, tambi√©n es factible recorrer las dunas en moto, acampar para ver las estrellas o experimentar la emoci√≥n del sandboarding, esa disciplina que aprovecha el acentuado desnivel para ofrecer distintos retos sobre una tabla. Con sus 17 mil hect√°reas, las Dunas de Samalayuca son un punto de reuni√≥n para el turismo de aventura. El oto√Īo y el invierno son las mejores fechas, pues en otras estaciones el calor puede ser inclemente. As√≠ que te sugerimos planear cuanto antes una visita a este lugar que est√° llamando la atenci√≥n del turismo mundial.

Camino al sur

Ahora bien, aproximadamente a 175 kilómetros al sur -también desde Chihuahua- se encuentra Creel, cuyo origen se debe a la estación del ferrocarril. Actualmente es un excelente punto de partida para echarle un vistazo al Lago de Arareco, la Cascada de Basaseachi o la Cascada de Cusárare. En nuestro caso, llegamos a Creel después de un día extremadamente divertido en el Parque de Aventura Barrancas del Cobre. Es cierto, en este viaje invertimos varias horas en carretera, pero incluso los trayectos regalan postales bellísimas. Ni hablar del parque, que ya sea desde sus tirolesas, puentes colgantes, el teleférico, el restaurante o senderos, brinda perspectivas maravillosas. De hecho, desde la Mesa de Bacajipare, punto donde llega el teleférico, se puede ver la unión de la Barranca del Cobre, la Barranca Tararecua y la Barranca de Urique.

Si alguien desea atestiguar lo insignificante que es un ser humano dentro del proceso evolutivo de la Tierra, que se pare frente a las Barrancas del Cobre.    

Sujétate con fuerza y...

Disfruta la velocidad. Son siete tirolesas que regalan una nueva dimensión de aceleración. Aquí, paradójicamente, el tiempo parece detenerse. Y es que al estar colgados de un lazo metálico en medio del silencio, el vació y la grandeza, los segundos se vuelven relativos.

Estuvimos un d√≠a completo en el Parque de Aventura. En punto de las nueve de la ma√Īana, disfrutamos un delicioso desayuno con vista a un espect√°culo natural prodigioso; m√°s tarde, nos untamos bloqueador solar y salimos rumbo al famoso Zip Rider, la tirolesa m√°s larga del mundo. Cuando las compuertas se abren no hay marcha atr√°s, tu cuerpo se desplazar√° 2,550 metros en un descenso vertiginoso que te permitir√° sentir la energ√≠a del lugar. Despu√©s, habr√° que subir a pie durante varios minutos para alcanzar el telef√©rico y retornar al punto de inicio. Nosotros tuvimos suerte, ya que mientras esper√°bamos el transporte de regreso nos topamos con un rar√°muri que cantaba historias de su tierra, de amor y su fabuloso entorno.

Al llegar el mediodía, nos pusimos el arnés, el casco, los guantes y la mochila que carga el riel con que nos deslizaríamos por las tirolesas. Por definirlo de alguna forma, es un recorrido escénico, pues cada una brinda la prerrogativa de observar las barrancas desde perspectivas distintas. El trayecto es tan largo o rápido como uno quiera; depende principalmente de la velocidad a la que se camina y la facilidad con que se sortean los dos puentes colgantes.

Tras disfrutar el Zip Rider y las tirolesas, se vuelve necesario recuperar algo de energ√≠a con una rica comida, mas no abundante, pues a√ļn falta lo mejor.

La Vía Ferrata

Comienza con un rapel de casi 50 metros, contin√ļa con un recorrido pegado a la roca y algo de escalada en la que, en todo momento, se debe ir asegurado. La tarde ca√≠a y una tormenta se avecinaba, as√≠ que deb√≠amos apresurar el paso para ejecutar con seguridad el salto de Tarz√°n y alcanzar el √ļltimo puente colgante. Se trata de un recorrido que depende m√°s de la capacidad f√≠sica de cada quien. Cuando dimos los pasos finales de esta v√≠a, la lluvia cubri√≥ el cielo para regalar una clausura simb√≥lica a un d√≠a intenso. Nosotros subimos a la camioneta y nos fuimos de regreso a una c√≥moda caba√Īa en Creel, mientras que los dos rar√°muris que nos guiaron por la V√≠a Ferrata guardaban a prisa el equipo para despu√©s regresar caminando -en medio de la tormenta- a su hogar.

 


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