Chrysler Imperial 1991
Chrysler Imperial 1991   
Digno de un emperador
El nombre Imperial siempre ha representado la máxima expresión de Chrysler como grupo automotriz.
Por Texto y fotos: Edmundo Cano

Durante la primera mitad del siglo XX, el nombre Imperial fue sinónimo de autos superlativos que englobaban todo el lujo y la ingeniería que el Grupo Chrysler podía incorporar en un automóvil. Con rasgos distintivos, e incluso siendo una marca propia -como Plymouth, o Dodge- en lugar de solo una opción de equipamiento, el Imperial representó dignamente a Chrysler frente a los carros de lujo con los que competía, tanto americanos como europeos.

A principios de los 80, luego de la fuerte crisis que azotó a la industria automotriz americana, el Imperial dejó de existir. Posteriormente, la llegada de Lee Iacocca y su plataforma K de tracción delantera le inyectaron nueva energía a la empresa.

Comenzando los 90, ya con una economía mucho más estable, el Imperial revivió, esta vez como un modelo Chrysler. Basado en la plataforma Y, que era una versión alargada de la K. El tren motriz estaba compuesto por un V6 de 3.3 litros y 147 HP acoplado a una caja automática de 4 cambios. Suspensión de aire ajustable, una rareza a principios de los 90, le otorgaba una calidad de marcha magnífica, como pasear en una nube. La carrocería conservaba ángulos rectos en todos sus flancos, y toques únicos del Imperial como el toldo Landau de vinil, los faros retráctiles y la afilada parrilla, la calavera corrida en la parte trasera, y como broche de oro el emblema de cristal con el águila de Imperial, único del modelo.

Pero como todo buen auto de lujo, lo mejor estaba en el interior, donde Chrysler volcó cuanta conveniencia podía poner en un auto. Todos los mandos eran eléctricos, tenía el famoso tablero digital de la marca, y un amplio interior con vestiduras en velour o en piel Mark Cross opcional, complementada con adornos en madera. Tal vez en esta época no parezca tan suntuoso, pero hace 25 años era un verdadero auto de lujo, con una apariencia elegante y mecánica sólida. El Imperial estuvo en producción por 4 años, hasta que la plataforma K fue reemplazada por la nueva LH, que escribiría su propia historia en los 90.

Para sorpresa de muchos, el Imperial se vendió en nuestro país únicamente un año, 1991. Era importado bajo pedido, y costaba mucho dinero, por lo que nada más 114 ejemplares llegaron a territorio nacional. Obviamente, encontrar uno hoy en día es, digamos, un poquito difícil, pero Luis, el dueño del ejemplar que vemos en estas fotos, ya sabía a lo que se enfrentaba. Siendo uno de esos raros fanáticos de los vehículos ochenteros y noventeros de Chrysler, sabía exactamente cuán pocos de ellos había en México, pero eso no lo detuvo cuando se decidió a buscar uno para que fuera su auto de bodas. Luego de andar a la caza durante un buen rato -no es precisamente fácil que uno de éstos salga al mercado-, encontró por fin el coche perfecto, que solamente necesitó un retoque a la pintura original negra y conseguir en Estados Unidos un tapón que le faltaba. De ahí en fuera, está todo original y excelentemente conservado, con algunos detalles que Luis ya atiende para dejarlo como nuevo, cosa nada fácil con apenas, como ya dijimos, 114 de éstos en nuestro país. Y claro, cumplió cabalmente con el cometido para el que fue adquirido, como elegante transporte de recién casados para nuestro personaje y su ahora esposa. ¡Vaya manera de estrenar un auto!


  • La calavera horizontal de punta a punta de la trasera es un sello distintivo del Imperial.

  • "Me hubiera venido de traje", nos dijo Luis cuando le pedimos la foto, pero nos la concedió gustoso cómodamente sentado en el asiento trasero de su Imperial.

  • El interior está absolutamente original, y aunque muestra algunas huellas de uso normal, Luis no quiere tocarlo. Sólo es original una vez.

  • La consola superior tenía varias funciones, así como anuncios de los cinturones de seguridad y de la función de la suspensión de aire.

  • El -en ese entonces- avanzado tablero digital que hizo famosos a los Chrysler de principios de los 90 no podía faltar en el tope de gama.

  • Obviamente, en el Imperial todo era eléctrico, con adornos imitación madera rodeando todos los controles.

  • Gracias a su mayor distancia entre ejes, el espacio en las plazas traseras del Imperial es enorme, y los asientos, de lo más cómodo que hemos probado.

  • El V6 era el motor de la casa. Gracias a no tener un motor exótico o único del modelo, la practicidad del Imperial era a toda prueba.

  • Los tapones de rayos son exclusivos del modelo, y bastante raros. Luis tuvo que traer desde Estados Unidos el que le faltaba al coche cuando lo compró.

  • El emblema de cristal con el águila de Imperial es también único de este auto, y prácticamente imposible de reemplazar si está dañado.

  • No hemos visto estos emblemas en un Chrysler desde que este Imperial salió de la agencia en 1991.

  • Aquí con los "ojos" abiertos. Luego de 24 años, la silueta del Imperial aún luce elegante y aristocrática.

ediciones anteriores