Charger Rallye 1972
Charger Rallye 1972   
El último de su especie
Esta fue en su momento la versión final de alto rendimiento del famoso 'muscle car' de Dodge, cerrando así con broche de oro una época gloriosa que no retornaría sino hasta muchos años después.
Por Texto y fotos: Edmundo Cano

En 1971 llegó la tercera generación del Dodge Charger, que sufrió un rediseño radical por parte de Diran Yajezian, resultando en una carrocería más pequeña y voluptuosa que las dos primeras. Para ese año las versiones de alto rendimiento en los Estados Unidos fueron el Charger R/T y el Charger Super Bee, ambos nombres legendarios en el ambiente de los muscle cars. Sin embargo, esto no era tan positivo como podría pensarse, pues con las regulaciones que se impusieron a los seguros automotrices, la fama de estas siglas era sinónimo de un aumento enorme en las tarifas de los mismos.

Para remediar esto, Dodge descontinuó ambos nombres y lanzó en 1972 el Charger Rallye, que tomaría de ahí en adelante la estafeta de alto rendimiento del Charger.

Aunque hablar de alto rendimiento en esa época era algo muy relativo ya que las regulaciones anti-smog habían golpeado severamente a Detroit justo en ese año, y los enormes V8 se vieron muy limitados en cuanto a potencia y torque para cumplir con las nuevas normas. El motor big-block de 440 pulgadas cúbicas en el Charger Rallye generaba apenas 280 HP, cuando apenas un año antes producía casi 400.

Aún así, el Charger Rallye era uno de los Dodge con más potencia en la línea, y su apariencia lo gritaba a los cuatro vientos. Elementos como el cofre con power dome, el spoiler frontal y un alerón trasero, así como un paquete estético con franjas negras contrastantes con los colores de "Alto Impacto" de la carrocería, y piezas exclusivas del modelo, como las puertas y las calaveras, dejaban en claro que no era cualquier Charger, y el interior con asientos de banca, consola y palanca de velocidades deportiva hacía lo propio.

Aquí en México el Charger estuvo disponible a partir del rediseño de 1971, pues las generaciones anteriores nunca llegaron a nuestro país. Sobra decir que aquí jamás tuvimos las versiones de alto rendimiento que los vecinos de arriba sí gozaron, el único motor disponible para el Charger nacional fue el V8 de 318 pulgadas cúbicas. Con todo y ello, el Charger dejó huella en mucha gente en nuestro país, entre ella Carlos, el dueño del Rallye 72 que vemos en estas fotos. El amor por Chrysler le viene de familia, pues su tío Memo lo llevaba de pequeño a ver las instalaciones de la fábrica Automex, donde trabajaba ensamblando los fabulosos Super Bee nacionales en los años 70, y lo paseaba en su modelo 72 de este deportivo. Asimismo, su padre siempre tuvo autos Chrysler cuando él era niño y joven, desde un enorme Monaco hasta un Super Bee 76.

Con esta clase de pasado, no hay que decir que Carlos es hoy un verdadero entusiasta de Chrysler, y ha formado una pequeña, pero creciente colección de muscle-cars de la pentaestrella, incluido un Charger 1970, de esos que nunca hubo en México. Pero él quería uno como los que existieron aquí, solamente que no uno nacional, pues a pesar de la enorme huella que dejó en él verlos circulando en las calles de nuestro territorio en los 70, hoy sabe que en el área mecánica no se comparan con los Charger gringos, y además deseaba algo más exclusivo para agregar a su colección. Por eso, cuando surgió la oportunidad de importar el Rallye, Carlos no lo pensó dos veces y en un par de meses el carro estaba en el taller de los hermanos Santana, famosos restauradores especialistas en muscle-cars de Mopar, y los mecánicos de cabecera y amigos suyos, quienes llevaron a cabo la remodelación del Charger a condiciones totalmente de fábrica. Platicamos con ellos en la sesión de fotos del coche y nos contaron que la unidad estaba en excelentísimas condiciones: cero óxido, nada de golpes, muy completo. Únicamente requirió una "repasada" en la parte mecánica y un buen baño de pintura para quedar como nuevo, aun presumiendo muchos de sus componentes originales sin restaurar, como buena parte de su interior o los vidrios entintados en verde. Solo se arregló lo que lo necesitaba, y se limpiaron y reutilizaron todos los componentes originales que fue posible. Y así, Carlos tiene por fin un Charger representativo de los que se vieron en México, pero en una forma mucho más exclusiva y deportiva que los que pisaron suelo azteca.



  • El cofre con "power dome" y vivos en negro mate dejaban en claro que este no era un Charger "normal".

  • El interior de este auto se conserva casi totalmente original, y en excelente estado de conservación.

  • Las calaveras y el paquete estético con la franja en la cajuela eran exclusivos del paquete Rallye.

  • Con todo y que no tiene los faros cubiertos opcionales, sí encontramos el spoiler frontal específico de la versión Rallye.

  • A pesar de no ser el monstruo de unos años antes, el "big block" 440 seguía produciendo suficiente potencia para destruir las llantas a placer.

  • Las puertas del Rallye eran las únicas que tenían estos pequeños "recesos"; son piezas muy raras hoy en día.

  • Su poderoso rugido anuncia su paso y provoca admiración entre quienes lo escuchan.

  • El rediseño de 1971 trajo formas mucho más redondas  y fluidas a la carrocería del Charger.

ediciones anteriores