Plymouth Cuda 73
Plymouth Cuda 73   
El fin de una era
La generación final del legendario Plymouth Barracuda es un fiel reflejo de su época, y este ejemplar, uno de muy pocos en territorio nacional, es una verdadera cápsula del tiempo.
Por Edmundo Cano

El Barracuda comenzó su vida con una carrocería fastback que en los años 60 lo convirtió en uno de los autos más estilizados en salir de las fábricas de Mamá Mopar, pero justo en 1970 llegó su segunda generación, la cual, a diferencia de la primera, nunca estuvo disponible en nuestro país.


El cambio fue absolutamente radical, el nuevo Barracuda compartía con su antecesor solamente el nombre. La carrocería fastback fue reemplazada por un coupé de líneas sencillas y limpias pero muy agresivas, y gracias a que estaba basado en una versión acortada de la plataforma B, llamada "E-Body", tenía el espacio suficiente bajo el cofre para ofrecer prácticamente todos los motores Chrysler disponibles, desde un 6 cilindros en la versión más básica, hasta los "big blocks" más malvados en la versión Cuda, como el 440 Six Pack o el todopoderoso 426 Hemi. Pronto, el Plymouth Barracuda y su hermano el Dodge Challenger fueron rivales formidables para el resto de los pony cars que libraron la guerra de los caballos de fuerza de Detroit.


Sin embargo, pronto el Barracuda se vio estrangulado por las nuevas leyes antiemisiones que afectaron prácticamente a todos los muscle y pony cars producidos en esa época. En 1972, además de un rediseño en el que cambió su nariz y sus calaveras, el Barracuda sufrió la pérdida permanente de todos los "big blocks" opcionales. El motor más grande ofrecido ahora era un 340 que, gracias a las restricciones anticontaminantes, apenas rebasaba los 150 HP. Fue el fin de la era de más alto rendimiento de Detroit. Al año siguiente, llegaron las famosas defensas de 5 millas por hora, obligatorias en cada auto vendido en los Estados Unidos, y en 1974 el Barracuda desapareció, luego de que la crisis petrolera desatada en 1973 por el embargo de petróleo de la OPEC hiciera prácticamente inviable su producción.


El Cuda 1973 que vemos en las fotos es uno de muy pocos Barracuda de segunda generación que viven en nuestro país. Moisés, su dueño, lo trajo para acá luego de ganarlo en una subasta por E-Bay para añadirlo a su pequeña, pero creciente colección de autos Chrysler. Dos factores fueron decisivos para que Moi se decidiera por este auto en particular y no por algún otro de los muchos que consideró: primero, que su color original era plateado con negro, como todos los demás autos en su colección, lo cual fue imposible de resistir. Pero el detalle que selló el nuevo destino del Cuda se encontraba en la placa del VIN del auto. El día y mes de su fabricación, 2 de febrero, coincidían con el cumpleaños de Moisés. Esto lo convenció totalmente de que este vehículo estaba destinado a ser suyo, y luego de pujar por él y ganarlo, comenzó el largo viacrucis de importarlo a México desde el área de Seattle, muy pero muy al norte de los Estados Unidos. El auto tardó en llegar a la frontera más de un mes, y luego otro mes para pasar por la aduana por los recurrentes problemas en la zona norte de nuestro país. Ya en México, Moisés no tardó en encontrarle algunos problemitas de esos que llevan a otros y a otros, y pronto el coche estaba medio desarmado y sin motor. Todo lo mecánico fue reconstruido para que fuera un coche totalmente confiable, y se le añadieron algunos componentes más agresivos para darle más "punch", pues hay que recordar que las restricciones antiesmog ahogan la respiración del 340 bajo su cofre. Un árbol de levas más agresivo y unos headers Doug Thorley le dan mucha más vida al "small block" y un mucho mejor soundtrack. Fuera del "refresh" mecánico, este coche se encuentra en condiciones totalmente originales, Moisés no ha intentado hacer de él algo que no es, por lo que conserva incluso los topes de goma en las defensas, que son un accesorio sumamente raro (lo primero que hacía la gente en 1973 era quitarlos). Este carro es un fiel reflejo de la época en que fue fabricado, aquella en la que esa especie de automóvil llamado muscle-car estaba agonizando, y en eso radica mucho de su encanto y carisma hoy en día. Y Moisés está fascinado por manejar un auto prácticamente único en nuestro país, que es ahora una de las piezas centrales de su colección.


  • La parrilla del modelo 72 en adelante era una combinación del diseño de las del 71 y 70, con la inconfundible línea roja.

  • El Barracuda pasó de fastback a coupé en su segunda generación, que nunca tuvimos oficialmente en México.

  • Los rines negros con tapones de "plato de perro" le dan un look innegablemente malvado a este feroz pez.

  • El cofre con tomas de aire gemelas denotaba un Cuda 340 en lugar de un Barracuda "normal".

  • Las calaveras redondas fueron un cambio radical de los "slits" horizontales presentes en los modelos 70 y 71

  • Aun en los años finales de los muscle-cars, este emblema en un Plymouth denotaba un rival de cuidado en las calles.

  • El 340 ha sido aderezado con un árbol más calientito, headers y otras cosillas que lo despiertan bastante... y también a los vecinos cuando Moisés lo prende.

  • Ese número 202 en la placa del VIN fue el que convenció a Moisés de que este auto era para él, pues denota que fue fabricado el 2 de febrero, día de su cumpleaños.

  • El interior se conserva original, sin cambio alguno y perfectamente conservado, con todo y el olor a vinil setentero.

  • En cada rincón hay detalles que dejan en claro lo que estás manejando.

  • Pregúntenle al Challenger Hellcat de dónde sacó su palanca de velocidades...

  • Estos asientos de cubo eran los más deportivos que ofrecía Mopar. Cómo han cambiado los tiempos.

  • Todos se hacen a un lado cuando esta trompa aparece en su retrovisor. El rugido del 340 también ayuda.

  • El último resquicio de alto rendimiento de Mopar, antes de que todo muriera en 1975 y los V8 quedaran más anémicos que nunca.

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