Dodge Challenger SRT Hellcat   
Los placeres del exceso
Hellcat es el sueño hecho realidad de cualquier fanático del poder americano. Es el resultado de las fantasías de un puñado de apasionados por esos automóviles capaces de crear un vínculo emocional con quienes los conducen.
Por Carlos Quevedo

Se podría decir que ningún coche puede ufanarse en ser el más poderoso de su especie, emocionar a propios y extraños o rendir un sentido homenaje a la historia mientras, al tiempo, también escribe la suya. ¿Y si además, a esto se le añade todo el paquete técnico y tecnológico para poderse disfrutar como cualquier auto moderno?


Dodge demostró sus enormes capacidades y experiencia centenaria al crear Hellcat. Lo que hizo fue pensar en ese instinto básico de construir algo, no basándose en la plena necesidad, sino en la pura diversión, en ese sentimiento placentero que prácticamente nació con el automóvil desde su invención.


La fórmula fue extraer 707 caballos de un Challenger. ¿Qué mejor que este icónico coupé, con un envidiable trasfondo histórico para hacer tremendo experimento? Suena simple, pero no lo fue: el V8 HEMI supercargado de 6.2 litros tendría que ser poderoso y también confiable en el día a día. Además, el inevitable calor que genera tanta energía bajo el cofre implicó serias modificaciones en el sistema de refrigeración, al punto de que se suprimió uno de los faros, con el objetivo de proveer una entrada de aire adicional al monstruoso ocho cilindros.


En FCA pensaron en todo, pues el resto del conjunto también se preparó para adaptarse a la bestia: suspensión adaptable con distintas durezas a elegir, unos enormes frenos listos para contener el masivo torque de 650 libras-pie y toda la aerodinámica requerida para que esta imponente criatura ruede a velocidades impensables para un Dodge, con la honrosa excepción del maravilloso Viper.


Y más allá de las descripciones, la experiencia real cumple y supera toda expectativa. Al presionar el botón de encendido rojo despierta un bramido capaz de hacer sonar alarmas y de asustar desprevenidos. Al primer toque de acelerador hay que reprogramar la mente, redefinir los conceptos personales de contundencia y rapidez: no importa en cuál de los ocho cambios de la transmisión automática se vaya, Hellcat siempre irá adelante de los demás y será un espectáculo para quien se lo cruce, al ser su naturaleza la de arrancar en medio de una nube de humo, desaparecer en el horizonte en un parpadeo y no ser indiferente a absolutamente nadie.


Al final, también se termina valorando la otra cara en el mejor Dodge que se ha hecho, aquella que nos recibe en el mayor de los refinamientos con piel de alta calidad de Elmo, asientos delanteros con calefacción y ventilación, sonido de alta fidelidad Harman Kardon, o el sistema Uconnect con navegación integrada.


Hellcat, además de ser el Muscle Car más emocionante de la historia, es todo un experto a la hora viajar, que es la segunda naturaleza propia de cada auto, además de la de emocionarnos.


¿Se puede pedir más?


  • El tono Sublime realza la imponente figura de Hellcat.

  • Los poderosos discos ventilados y perforados se esconden bajo unos bellos rines en negro mate.

  • El HEMI supercargado es un ejemplo de pasión y buena ingeniería. Varios retos tuvieron que superarse para que fuera confiable.

  • La llave roja emociona y con toda razón: es aquella que abre la puerta para disfrutar plenamente de los 707 caballos.

  • Las necesidades de refrigeración eran tales, que fue necesario reubicar un foco para así abrir un ducto de aire.

  • La disposición de la cabina mezcla innovación con detalles típicos de Challenger.

  • Las ocho velocidades de la caja automática permiten extraer toda la energía del motor, que no es poca.

  • El velocímetro ya nos anticipa las capacidades de esta hermosa bestia.

  • La piel Elmo en naranja contribuye a un ambiente de verdadero lujo y calidad.

  • Esta tapa se tendrá que abrir con mucha frecuencia.

  • El Hellcat en su estado natural exhibiendo todo su poder.

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